Montería amaneció sin alas un 23 de enero de 2026
El viernes 23 de enero, el centro de Montería amaneció distinto.
Frente a la Catedral San Jerónimo, donde la gente va a pedir por la vida, apareció una escena que nadie esperaba: palomas muertas tiradas en el suelo, en pleno corazón de la ciudad.
Pero lo más duro no fue solo verlas ahí.
Lo más duro fue ver cómo el humanismo se quiebra, se doblega, ante la indiferencia, ante la naturalidad de lo impensable.
Algunos ciudadanos inconformes con la displicencia de las autoridades, de quienes quizás, pudieron saber algo; pero se quedan en discursos iracundos y efímeros en instantes.
Esto no es solo “un caso de palomas”. Esto es una alerta.
Es la pregunta que queda flotando en el parque, en la catedral, en la conciencia: ¿En qué momento se nos murió la compasión?
Ojalá las autoridades aclaren qué pasó. Ojalá haya respuestas.
Pero que esto no se nos vuelva normal, porque el día que una ciudad se acostumbra a la crueldad,
ya algo está muriendo adentro.
Y ustedes, queridos lectores,
¿Qué creen que pasó realmente ese viernes 23? ¿Accidente, veneno o indiferencia humana?
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