Colombianos encabezan las bajas extranjeras en la guerra de Ucrania
Entre 300 y 550 ciudadanos colombianos habrían muerto desde 2022 en el conflicto. Fallas en la reintegración de veteranos y la brecha salarial explican el fenómeno, según un informe del Atlantic Council.
Colombia se ha convertido, de manera silenciosa, en el país que más combatientes extranjeros ha perdido en la guerra de Ucrania. Desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022, estimaciones del think tank estadounidense Atlantic Council sitúan el número de colombianos muertos en combate entre 300 y 550, una cifra que supera a cualquier otra nacionalidad foránea, incluidos los aproximadamente 100 estadounidenses fallecidos. El fenómeno, lejos de responder a motivaciones ideológicas, hunde sus raíces en fallas estructurales del sistema de reintegración de veteranos en Colombia y en la atractiva diferencia salarial que ofrece el frente ucraniano.
En la plaza Maidán de Kiev, corazón simbólico de la resistencia ucraniana, banderas colombianas forman parte de los memoriales improvisados que honran a los caídos. The Defense Post calcula que los ciudadanos colombianos representan cerca del 40% de los combatientes suramericanos en el conflicto, y que alrededor del 25% del total de extranjeros que han integrado las fuerzas terrestres de Ucrania —provenientes de 65 países— son colombianos. Más de 2.000 colombianos habrían firmado contratos con las fuerzas ucranianas para cubrir vacíos críticos de personal.
El perfil: veteranos bien entrenados, mal absorbidos
Colombia cuenta con uno de los ejércitos con mayor experiencia en combate irregular del hemisferio occidental, forjado en más de medio siglo de conflicto interno contra grupos guerrilleros y narcotráfico. Sus soldados y suboficiales acumulan conocimientos especializados en contrainsurgencia, operaciones especiales e inteligencia de campo. Sin embargo, muchos se retiran entre los 30 y 40 años —en plena edad productiva— con escasas opciones para trasladar esas habilidades al mercado laboral civil.
Según el informe del Atlantic Council, los programas de transición existentes en Colombia no están alineados con la demanda real del mercado laboral. Un oficial de rango medio en servicio activo percibe aproximadamente cuatro millones de pesos colombianos mensuales (algo más de 1.000 dólares), mientras un soldado regular recibe en torno a 400 dólares al mes. Tras el retiro, esos ingresos se reducen drásticamente, y las pensiones no siempre compensan la caída.
La brecha salarial: el motor del reclutamiento
La diferencia de ingresos entre Colombia y Ucrania resulta decisiva. De acuerdo con el Atlantic Council, los combatientes extranjeros en Ucrania reciben entre 3.000 y 5.000 dólares mensuales, además de bonificaciones por firma de contrato que pueden llegar a 25.000 dólares, y compensaciones por muerte en combate de hasta 350.000 dólares para las familias. Los veteranos colombianos reciben el mismo salario que los soldados ucranianos y quedan integrados formalmente en las fuerzas armadas del Estado.
Algunas unidades del frente llegaron a conformarse mayoritariamente por hispanohablantes, lo que facilitó la cohesión entre combatientes latinoamericanos. Redes de contacto entre exmilitares, el boca a boca y plataformas digitales habrían actuado como canales de reclutamiento informal, según los medios consultados. Existen además denuncias de que a algunos colombianos les habrían retenido los documentos, impidiéndoles abandonar el frente.
El debate jurídico: ¿mercenarios o soldados regulares?
El gobierno del presidente Gustavo Petro ha calificado el fenómeno de "mercenarismo" y en diciembre de 2025 la Cámara de Representantes colombiana ratificó la Convención de Naciones Unidas contra el reclutamiento de mercenarios de 1989. No obstante, el propio informe del Atlantic Council matiza esta postura: quienes sirven en la Legión Internacional de Defensa Territorial de Ucrania o en otras unidades regulares del ejército ucraniano no cumplirían técnicamente con la definición clásica de mercenario, dado que reciben la misma remuneración que los nacionales y pertenecen formalmente a las fuerzas armadas de un Estado reconocido.
Rusia, por su parte, ha optado por la vía penal: un tribunal ruso condenó a 14 años de prisión a un mercenario colombiano por combatir junto al ejército ucraniano. El Atlantic Council advierte que una criminalización amplia y sin matices del fenómeno podría agravar la situación, estigmatizando a veteranos que regresan ya con traumas físicos y psicológicos, y facilitando que redes criminales aprovechen su experiencia.
Riesgos de seguridad más allá de Ucrania
El informe señala que el fenómeno no se circunscribe al conflicto ucraniano. Exmilitares colombianos han sido reclutados también por actores armados no estatales en otras regiones del mundo, incluyendo operaciones en el continente africano y vínculos con carteles del narcotráfico mexicano que compiten por contratar personal con entrenamiento especializado. Este mercado global de "mano de obra militar" opera en zonas grises del derecho internacional y plantea desafíos de seguridad que trascienden las fronteras nacionales.
El vacío institucional a su regreso, combinado con posibles investigaciones penales y exclusión social, incrementa el riesgo de que redes criminales coopten a estos veteranos. El Atlantic Council considera que la escasa reintegración podría derivar en un problema de seguridad de escala regional e incluso global si no se abordan sus causas estructurales.
Recomendaciones del informe
El Atlantic Council propone varias medidas para abordar el problema desde su raíz. En primer lugar, sugiere la implementación efectiva de la Ley de Veteranos de 2019, con rutas laborales concretas y programas alineados con la demanda real del mercado. En segundo lugar, plantea la creación de mecanismos interinstitucionales para regular el mercado internacional de combatientes y gestionar repatriaciones de manera ordenada.
Adicionalmente, recomienda que países socios como Estados Unidos incorporen componentes de reintegración para exmilitares dentro de sus programas de cooperación militar con Colombia. El objetivo último es evitar que el entrenamiento avanzado de estos veteranos termine reforzando, por omisión, las capacidades de redes criminales nacionales e internacionales.
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