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Las hermanas que salieron al Carnaval y nunca volvieron, el horror de Malambo que conmociona al Atlántico

04 marzo, 2026 InfoReal
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Las hermanas que salieron al Carnaval y nunca volvieron, el horror de Malambo que conmociona al Atlántico


Esa es la historia de Sheerydan Sofía Hernández Noriega, de 14 años, y Keyla Nicolle Hernández Noriega, de 17, dos jóvenes que vivían con su familia en el barrio La Sierrita, en la zona metropolitana de Barranquilla, y que el martes 17 de febrero de 2026, cerca de la medianoche, salieron de su casa hacia los festejos del Carnaval de Malambo. Nunca regresaron.

 

 

El último momento antes de desaparecer

Según el testimonio de sus familiares, Keyla Nicolle fue quien convenció a su hermana menor de salir esa noche. La menor no quería ir, pero la mayor insistió: "Vamos, vamos, nosotros nos regresamos", le dijo. Salieron juntas. Desde ese instante, el silencio. Sus teléfonos se apagaron de inmediato y la familia comenzó a desesperarse, pues las jóvenes siempre avisaban cuando se demoraban más de lo normal.

 

Unos días antes de la tragedia, la familia ya había recibido mensajes amenazantes, lo que ahora las autoridades investigan como una posible señal de que las jóvenes habían sido identificadas por una organización criminal que las tenía en la mira.

 

 

Una pesadilla de extorsión y amenazas

Lo que siguió fue un calvario. Los captores comenzaron a enviar mensajes exigiendo dinero. Primero pidieron 5 millones de pesos por cada una. Luego subieron a 15, después a 20 millones. Los mensajes llegaban con cuentas regresivas: "Tienen 15 minutos... tienen 5 minutos... se las voy a matar", relató Wendy Hernández, hermana mayor de las víctimas, entre lágrimas.

 

La madre actuó de inmediato. Denunció los hechos ante el Gaula —el grupo especializado del Ejército y la Policía para secuestros y extorsiones— con la esperanza de que sus hijas aparecieran con vida. Sin embargo, la familia denuncia que la respuesta institucional fue lenta, ineficaz y, en algunos momentos, hiriente. Los agentes llegaron a sugerir que podría tratarse de un "autosecuestro", ignoraron los videos que los captores enviaban a la madre como prueba de vida y no establecieron operativos concretos para localizarlas, pese a que en algunos momentos aseguraron haberlas visto en los alrededores.

 

 

El hallazgo que partió en dos a una familia

Once días después de la desaparición, el pasado fin de semana, las autoridades encontraron los cuerpos de las dos hermanas enterrados en una zona boscosa del municipio de Malambo, municipio aledaño a Barranquilla. Presentaban signos evidentes de violencia y se encontraban en avanzado estado de descomposición. Fue la propia madre quien tuvo que ir a Medicina Legal a identificar los restos de sus hijas.

 

El hallazgo generó una ola de indignación en todo el departamento del Atlántico y en Colombia. Las comunidades de Malambo salieron a expresar su rechazo al crimen y a exigir justicia para las dos adolescentes.

 

 

Las capturas: así cayeron los sospechosos

La investigación dio un giro clave el 26 de febrero, cuando dos personas tuvieron un accidente de tránsito en Barranquilla y fueron trasladadas a una clínica de la ciudad. Desde ese lugar, las autoridades comenzaron a obtener información que los llevó a identificarlos como los presuntos responsables del crimen. Se trata de dos hombres conocidos con los alias de "Tata" y "Fabián". Uno de ellos tiene 18 años; el otro es menor de edad. Ambos fueron capturados en la capital del Atlántico. Uno ya está siendo imputado formalmente.

 

La Policía Metropolitana de Barranquilla confirmó las capturas y pidió a la ciudadanía que aporte cualquier información adicional que contribuya a esclarecer por completo lo ocurrido, a través de la Línea Contra el Crimen 317-896-5523, garantizando reserva absoluta.

 

 

Lo que aún falta por saber

Las autoridades investigan si detrás del crimen está el móvil de la extorsión —es decir, si las jóvenes fueron asesinadas porque la familia no pagó el rescate— o si existe algún otro factor relacionado con grupos criminales que operan en la región. Lo que sí es claro es que el caso expone de manera dolorosa los riesgos que enfrentan los jóvenes en zonas donde el crimen organizado actúa con relativa impunidad, y también pone en cuestión los protocolos de atención a familias que denuncian secuestros y extorsiones.

 

La familia de Sheerydan Sofía y Keyla Nicolle exige que no solo se capturen a quienes jalaron el gatillo, sino que se investigue también por qué el Estado no respondió a tiempo cuando aún había una oportunidad de salvarlas.

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