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Medicina Legal confirma con certeza científica la identidad de los restos del padre Camilo Torres, el 'cura guerrillero' del ELN

24 febrero, 2026 InfoReal
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Medicina Legal confirma con certeza científica la identidad de los restos del padre Camilo Torres, el 'cura guerrillero' del ELN

Tras una década de análisis forenses complejos, el Instituto Nacional de Medicina Legal confirmó el 24 de febrero de 2026 que los restos exhumados en Bucaramanga corresponden al sacerdote y guerrillero fallecido en combate el 15 de febrero de 1966.

 

Contexto: Un caso abierto por seis décadas

El caso del padre Camilo Torres Restrepo representa una de las páginas más complejas y simbólicas del conflicto armado colombiano. Nacido el 3 de febrero de 1929 en Bogotá, Torres provenía de una familia acomodada y se ordenó como sacerdote antes de estudiar sociología en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. A su regreso, cofundó la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia y se convirtió en una figura pública influyente por su compromiso con los sectores más vulnerables de la sociedad.

 

 

Influenciado por la teología de la liberación, la revolución cubana de 1959 y su trabajo directo con comunidades campesinas y obreras, Torres se radicalizó progresivamente. En 1965 lanzó el semanario Frente Unido, un proyecto de unidad política de los movimientos revolucionarios. A finales de ese mismo año abandonó el sacerdocio activo y se unió a las filas del Ejército de Liberación Nacional (ELN), guerrilla fundada en julio de 1964.

 

 

Su muerte ocurrió apenas semanas después de sumarse al grupo armado: el 15 de febrero de 1966, en el departamento de Santander, Torres cayó en combate. Tenía 37 años. Su cuerpo nunca fue entregado a su familia, y su paradero permaneció desconocido por seis décadas, convirtiéndose en un símbolo de las heridas abiertas del conflicto colombiano.

 

 

El hallazgo y el proceso forense

En junio de 2024, en un cementerio de Bucaramanga, fueron exhumados restos óseos que coincidían con el perfil contextual del sacerdote. La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), entidad creada tras el acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC en 2016, inició entonces un proceso de triangulación de información histórica, oral, escrita y forense.

 

 

El 15 de febrero de 2026, en el marco del aniversario número 60 de la muerte de Torres, la UBPD entregó formalmente los restos al sacerdote jesuita Javier Giraldo, quien había liderado la búsqueda durante siete años. La directora de la UBPD, Luz Janeth Forero, señaló que la identificación se basó en una evaluación exhaustiva de toda la información disponible, con el apoyo de un laboratorio forense especializado en Estados Unidos.

 

 

Sin embargo, el Instituto Colombiano de Medicina Legal emitió inicialmente una posición cautelosa, advirtiendo que su propio proceso no había concluido debido al deteriorado estado de las muestras óseas. Esta posición generó debate público sobre los criterios de identificación y la potestad de cada entidad.

 

 

La confirmación científica: 844 millones de veces más probable

El 24 de febrero de 2026, el director del Instituto Nacional de Medicina Legal, Ariel Cortés, cerró el debate al confirmar la plena identificación científica de los restos. En rueda de prensa, Cortés explicó que el proceso fue extraordinariamente complejo: los peritos se encontraron con cuerpos mezclados, restos incompletos, deterioro avanzado y sustancias que afectaban el material genético.

 

 

Para superar estas limitaciones, el equipo forense realizó una reconstrucción genética a partir de múltiples estructuras óseas exhumadas entre 2016 y 2024. Se utilizaron muestras de linaje materno obtenidas de familiares directos, trabajadas en laboratorios especializados tras exhumaciones realizadas tanto en Bogotá como en La Habana, Cuba.

 

 

El resultado es contundente: existe una certeza científica que resulta 844 millones de veces más probable que los restos correspondan a un hijo biológico de la familia Torres, en comparación con que pertenezcan a un individuo al azar de la población. La coincidencia genética se estableció entre el perfil de la abuela materna, el padre y las muestras exhumadas en 2024.

 

 

Cortés fue enfático al declarar: "No estamos hablando de probabilidades someras, estamos ante una coincidencia genética entre el perfil de la abuela materna, el padre y las muestras exhumadas en el año 2024, sustentadas por la ciencia forense."

 

 

Significado histórico y legado

Camilo Torres es considerado por historiadores como el primer colombiano del siglo XX en alcanzar notoriedad mundial. Su figura ha sido comparada con la del Che Guevara, quien fue abatido apenas un año y medio después. Como señalaba su biógrafo Walter Joe Broderick, Torres se convirtió en una especie de mártir cuya muerte paradójicamente fortaleció el movimiento al que se había sumado, motivando a miles de jóvenes católicos —curas, monjas y seminaristas— a unirse al ELN en nombre del llamado "cristianismo revolucionario".

 

 

El mismo Gabriel García Márquez reflexionó en 1974 sobre este fenómeno, señalando que muchos que no habían creído en Torres comenzaron a hacerlo tras su muerte, convencidos de que si alguien estaba dispuesto a morir por sus ideales, debía tener razón. Su influencia trascendió las fronteras colombianas y se extendió hacia Argentina, Chile y Nicaragua.

 

 

La entrega de sus restos, sesenta años después, revive también una de las fibras más sensibles del conflicto colombiano: la de los cuerpos desaparecidos y el derecho de las familias a saber qué ocurrió con sus seres queridos. La madre de Torres, Isabel Restrepo, fue la primera en buscar a su hijo: escribió cartas tanto a la presidencia colombiana como al papa Pablo VI durante su visita a Colombia en 1968, solicitando ayuda para recuperar sus restos.

 

 

Reacciones y perspectivas

El sacerdote jesuita Javier Giraldo, quien recibió los restos en representación de la comunidad que ha mantenido viva la memoria de Torres, destacó el profundo significado cultural y espiritual del acto. Señaló que en la familia de Torres existía una división: mientras su hermano prefería que la ubicación de la tumba permaneciera reservada, la madre consideraba que Camilo le pertenecía a la sociedad colombiana.

 

 

Desde una perspectiva crítica, el biógrafo Broderick reconoció que los sacrificios del cura guerrillero y de quienes como él optaron por la lucha armada no produjeron los cambios estructurales esperados. A su juicio, la concentración de la riqueza y la inequidad en Colombia —la gran angustia que movilizó a Torres— no han disminuido, sino que en algunos aspectos han empeorado.

 

 

La confirmación de la identidad de los restos de Camilo Torres no solo cierra un capítulo personal y familiar, sino que abre nuevamente el debate sobre la memoria histórica, la justicia transicional y el papel de la ciencia forense en la construcción de la paz en Colombia.

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