Opinión

Donde todo comienza

29 septiembre, 2026 InfoReal
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Donde todo comienza

Toda gran cosecha comienza con una pequeña semilla. Pero, con el tiempo, aprendí que una semilla no solo se siembra en la tierra: también se siembra en la esperanza de una familia, en el esfuerzo de un campesino y en el futuro de una comunidad.


Cuando asumí el cargo de Gerente de Desarrollo Rural de Montería, el señor alcalde me dio una responsabilidad, una visión y una misión: trabajar por el campo y por las familias que hacen de la tierra su forma de vida.


Hay lugares donde el desarrollo se dibuja sobre un plano. Y hay otros donde se entiende caminando por caminos de tierra, conversando con los campesinos y mirando de frente las dificultades de quienes trabajan desde antes de que salga el sol.

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En Montería, esos dos mundos no pueden estar separados.

Los corregimientos y las veredas también son ciudad. Allí hay familias que madrugan para sembrar, cuidar animales, producir alimentos y sostener sus hogares con el fruto de sus propias manos. Allí también está una parte importante del futuro de Montería.


Al frente de la Gerencia de Desarrollo Rural, entendí algo que difícilmente se aprende detrás de un escritorio: hablar del campo no es lo mismo que caminarlo.


Por eso, había que acercarse a las comunidades, escuchar a los pequeños productores y conocer sus necesidades. En ese camino se impulsaron acciones como la entrega de semillas de maíz, insumos y herramientas, así como iniciativas de seguridad alimentaria con pollos de engorde, gallinas ponedoras y alimentos para fortalecer la producción de las familias campesinas.

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Pero detrás de cada entrega había algo mucho más importante: la posibilidad de que una familia pudiera producir.


Porque una ayuda puede resolver una necesidad de hoy. Una oportunidad para producir puede abrir una puerta para mañana.


También fue importante fortalecer los mercados campesinos. No basta con producir si después no existen espacios para comercializar. El esfuerzo de quien trabaja la tierra merece encontrar un lugar donde pueda convertirse en ingreso, bienestar y dignidad para su familia.

Siempre he pensado que el campo se parece mucho a una semilla.

Cuando alguien la mira por primera vez, parece pequeña. Casi insignificante. Pero dentro de ella existe la posibilidad de convertirse en árbol, en alimento, en sombra y en futuro.


Así ocurre con las comunidades rurales.

Una semilla entregada a un campesino puede convertirse en una cosecha. Una herramienta puede convertirse en productividad. Un mercado campesino puede convertirse en ingresos. Y una oportunidad puede cambiar la historia de una familia.

 

Por eso, el campo no puede aparecer solamente cuando llegan las fotografías, los discursos o las campañas. Necesita presencia permanente, acompañamiento y decisiones que permitan que quienes producen tengan condiciones para seguir produciendo.

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Montería tiene una enorme riqueza rural. Pero esa riqueza no debe medirse únicamente en hectáreas cultivadas. También está en la capacidad de sus campesinos para levantarse cada mañana, enfrentar las dificultades y seguir creyendo que su trabajo vale la pena.


El desarrollo de una ciudad no termina donde comienza una carretera destapada.

También se construye en una parcela.

También en una finca.

También en una vereda.

También en las manos de una mujer campesina que alimenta a su familia con lo que produce, y en las manos de un productor que espera que su cosecha encuentre un comprador.


Por eso, si alguna vez sembramos semillas de esperanza en el campo monteriano, tenemos una responsabilidad: no dejar que esa esperanza se seque.


Hay que seguir regándola con oportunidades, acompañamiento, productividad y visión.

Porque cuando al campesino le va bien, la ciudad también respira mejor.

Y porque el futuro de Montería no se construye solamente desde el centro.

También crece por los caminos rurales.

También nace en las veredas.

También se siembra en el campo.


Donde se siembra una semilla, crece una esperanza. Y donde una comunidad encuentra oportunidades, comienza a crecer un futuro.

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