Opinión

La villa que soñamos ayer, la montería que construimos hoy

21 octubre, 2026 InfoReal
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La villa que soñamos ayer, la montería que construimos hoy

Hay ciudades que crecen levantando edificios. Otras crecen cuando una generación decide mirar más lejos que la anterior. Montería pertenece a las segundas. 


Su historia está escrita por hombres y mujeres que dejaron semillas de transformación, obras que cambiaron barrios y decisiones que abrieron caminos. Ese legado merece respeto. Pero también nos deja una pregunta: ¿qué nos corresponde hacer ahora? 


Yo miro a Montería y no veo una ciudad inconclusa. Veo un árbol de raíces profundas, que puede extender sus ramas hacia un futuro más grande. Por eso sigo escuchando y seguiré escuchando. En los barrios, en las veredas, en los corregimientos y en las conversaciones. Porque quien quiere entender una ciudad tiene que caminarla, mirarla y escucharla. El deseo por un pueblo nace al conocer sus sueños y necesidades. 


Lo que deseo para Montería es una transformación que continúe lo bueno y se atreva a cambiar lo que todavía falta. 


Más pavimentos donde existen caminos olvidados. Más empleo y oportunidades. Más apoyo al emprendimiento. Más turismo para mostrar nuestra identidad. Más árboles para respirar una ciudad amable. Más educación, más deporte y más escenarios para nuestros jóvenes. 


También deseo que en la Montería que soñamos participemos todos, con una mirada especial a aquellos que, dentro de sus comunidades, lideran iniciativas populares y conocen las problemáticas del territorio. Montería necesita fortalecer el liderazgo comunal, porque desde los barrios y corregimientos se construye ciudad. 


Y una zona rural conectada, productiva y digna, donde una placa huella pueda significar muchos más que concreto: pueda ser el camino hacia una oportunidad. 


También debemos prepararnos para el mundo que ya llegó. La inteligencia artificial, la educación y las nuevas formas de trabajar están cambiando nuestras vidas. Montería necesita asumir ese desafío con tres pilares: desarrollo tecnológico, habilidades sociales y educación financiera. 


La tecnología debe acercarnos, no excluirnos. La educación debe convertirse en una escalera. El emprendimiento, en puerta. 


Los grandes legados no terminan cuando cambia una administración. Se fortalecen cuando una generación recibe la semilla, la cuida y tiene el valor de convertirla en bosque. 


Ese es mi deseo para Montería: respetar sus raíces, escuchar a su gente y construir, entre todos, una ciudad preparada para el futuro. 


Porque una cuidad no se hereda solamente. 

También se sueña. 

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